En el calidoscopio de Narciso *
Mayte Vieta con su instalación Silencio, 1999 nos propone una reflexión sobre el silencio, el silencio de las imágenes y la relación que mantenemos con ellas. Una preocupación constante en la trayectoria de la artista y que de alguna manera articula el discurso, no tan solo de la presente instalación, sino de su actitud frente a la imagen. A grandes rasgos su itinerario se ha calificado en dos vertientes: fotografía y escultura. Pero más bien diríamos que en Mayte Vieta hay una voluntad de ampliar el registro expresivo de la fotografía, de superar los límites de la imagen; para ello la enriquece con otros elementos, la tridimensionalidad, el espacio, la iluminación…Ya lo decían los antiguos, las imágenes son mudas y así Mayte Vieta escruta, transforma la fotografía a la búsqueda de algo más. La fotografía, esta lámina sin tacto ni cuerpo, es una entidad plana, extraña y al mismo tiempo inquietante; se trata de hacerla hablar, de comprender y apropiarse de la imagen.
Silencio como instalación posee un elemento central, una especie de micro espacio cerrado y compuesto de espejos y fotografías de gran formato. Un espacio dentro del especio expositivo. En su interior uno se siente desorientado a causa del efecto calidoscopio. Las fotografías y el propio reflejo del espectador son fragmentados y multiplicados por los espejos en cientos de imágenes. Es el mismo concepto de laberinto. ¿Qué aporta esta presentación a la fotografía? Un ejemplo: hay un efecto secuencia; las imágenes fragmentadas son vistas casi como una suerte de sucesión y movimiento. Otro aspecto, la iluminación; las fotografías son iluminadas por su reverso, la luz aflora de las mismas fotografías. Podríamos continuar, pero lo que interesa destacar es el efecto de conjunto porque se trata de una especie de dramatización o puesta en escena de la imagen. Dramatización o búsqueda de significado, a la vez que se superan los límites tradicionales de la fotografía. Y en este sentido hay un aspecto muy importante que no hemos mencionado todavía: las fotografías-jugando con los espejos- representan un cuerpo sumergido en el agua como una bella durmiente; no se sabe si en un estado de éxtasis total o en aquella quietud fúnebre que poseen los cadáveres bajo el agua. Placer y muerte se confunden.
El agua, el espejo,el cuerpo inmerso en el agua, la pérdida del sentido de orientación, todo ello nos remite al mito del Narciso y, más, cuando el cuerpo fotografiado y suspendido en el agua es el de la misma artista.
Narciso posee un significado muy rico. Ante todo es el símbolo de la contemplación, aunque igualmente posee muchos otros matices. También representa la confusión entre por una parte, deseo-imagen y por otra, el principio de realidad: Narciso fascinado por el reflejo de su propia imagen se acerca más y más a la superficie del agua hasta que en el momento de su unión consigo mismo, se ahoga. He aquí la perversidad de las imágenes entre la seducción y el vacío, la fascinación y el silencio. En este punto concreto el mito de Narciso se expresa como la metáfora de la dificultad de relación con las imágenes.
¿Y el espectador? Porqué ya hemos dicho antes que el espectador también participa en este laberinto: se observa a sí mismo reflejado, le es imposible observar las imágenes sin verse a sí mismo. Este reflejo, ¿acaso es un parásito que dificulta la observación? ¿O más bien es el doble del artista que desdoblado en espectador que, como en las pinturas de Gaspar David Friedrich, nos introduce en el cuadro? ¿O tal vez sea el Narciso que hay en nosotros y que aparece al aproximarnos a las imágenes? Es difícil dar una respuesta en este calidoscopio sin fin, en este laberinto de reflejos y reflejantes que confunde y desorienta. Sin embargo nos parece que hay un mensaje en esta instalación y la trayectoria creativa de la artista en el que también participa el espectador: la necesidad de una nueva relación con las fotografías y las imágenes más allá de la simple visión y consumo. Mayte Vieta se apropia de ellas en la medida que las dramatiza y las transforma en objeto o puesta en escena, en la medida que hace dialogar fotografía con otros lenguajes y materiales. No es la única manera, el espectador se apropiará de ellas con la palabra, la reflexión o cualquier otro principio acorde con su sensibilidad. En todo caso las imágenes, tan solo responden, entre la contradicción y la ambigüedad, a quien pregunta.
Jaume Vidal Oliveras.
*Este texto, ahora ampliado y reelaborado, fue publicado en una primera versión reducida en el suplemento “ABC Cultural” del periódico ABC, Madrid, 6 de marzo de 1999 con motivo de la instalación fotográfica Silencio de Mayte Vieta en la sala Metrònom de Barcelona (del 2 al 26 de marzo de 1999)
Vista de la exposición MUA, Alicante 2001. Instalación Silencio, 1999.
Silenci, 1999. Colección Caja de Burgos.
Fotografías duratrans en cristal con marco de hierro, madera 10cmx100cmx100cm cada una. Luz halógena.
Vista de la exposición galeria Maior, Pollensa. Mallorca 2002.


