by Web Mayte | Feb 7, 2025 | Exhibitions |
MUSEO LÁZARO GALDIANO. Madrid INAUGURACIÓN JUEVES 8 DE MAYO DEL 2025. HASTA EL 6 DE JULIO 2025.

Mayte Vieta
A MAR. A PESAR DE LA AUSENCIA
En su deseo de dar a conocer los artistas del fondo de su colección, la Fundació Vila Casas da un paso más allá y presenta en el Museo Lázaro Galdiano la obra de la artista multidisciplinar Mayte Vieta. Una artista que abraza en la presente propuesta curatorial sus inicios escultóricos e instalativos para crear un universo desdoblado entre la tangibilidad del mundo terrenal y la ingravidez sensorial de lo etéreo.
La obra de Mayte Vieta (Blanes, Girona, 1971) plantea un diálogo constante con el espectador a partir de espacios intangibles de evocadora poética. Lugares de ensoñación en los que el cuerpo escapa las fronteras espacio temporales para penetrar en las profundidades insondables del alma.
Concebida como una mirada a la colección del Museo Lázaro Galdiano, esta exposición busca crear instancias de suspensión que permitan acercarnos a la realidad desde una dualidad abstracta, a medio camino entre la ausencia y la presencia, entre lo efímero y lo intemporal, el peso y la levedad.
Inabarcable e inmenso, el mar pernea esta intervención como metáfora de aquello que nos supera en escala. En él, el cuerpo deviene frágil y expuesto, vulnerable; expresando así la insignificancia humana ante una naturaleza ambivalente, a la vez desprotegida e imponente.
En este contexto de vacío existencial, donde la sublimidad de la Naturaleza y su inherente fragilidad devienen una cuestión esencial del pensamiento actual, Vieta revisita el Romanticismo para llevarlo a nuestro presente. La conexión con el entorno, la escucha y la contemplación vertebran de este modo su reflexión en torno a los vínculos, los cuidados y los modos de relacionarnos con el mundo.
Natàlia Chocarro. Asesora de arte de presidencia Programa TEMPS DE FUGA de la Fundació Vila Casas, Barcelona.
Video instalación del proyecto LA NADA sala invitado del Museo Lázaro Galdiano, Madrid. Mayte Vieta
L´ exposició explora l’efímer i l’etern com dues dimensions que coexisteixen en les obres exposades al Museu. L’elecció de l’efímer no es planteja només com allò que es dissipa, sinó com una porta oberta a l’essència perdurable: l’Eternitat.
Com un mirall que reflecteix la nostra connexió intrínseca amb el que passa i el que perdura. La bellesa del que és efímer i la reflexió profunda sobre la naturalesa i l’existència. Aquesta es presenta com un pont entre allò transitori i allò etern.
Aquest diàleg entre fuga i l´aduració no només captura l’essència del paisatge i de l’ésser humà, sinó que convida l’espectador a qüestionar la seva pròpia percepció del temps i la fragilitat de la seva existència.
El concepte d’“efímer”, entès literalment com “allò que dura un dia”, es converteix en una metàfora de la dualitat entre el que es manifesta i desapareix.
Lleugeresa, infinit i suspensió, travessen i desafien la percepció espacial de l’espectador.
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La exposición explora lo efímero y lo eterno como dos dimensiones que coexisten en las obras presentadas en el Museo. La elección de lo efímero no se plantea únicamente como aquello que se desvanece, sino como una puerta abierta a la esencia perdurable: la Eternidad.
Como un espejo que refleja nuestra conexión intrínseca con lo que transcurre y lo que permanece. La belleza de lo efímero y la reflexión profunda sobre la naturaleza y la existencia se presentan aquí como un puente entre lo transitorio y lo eterno.
Este diálogo entre lo fugaz y lo duradero no solo encapsula la esencia del paisaje y del ser humano, sino que invita al espectador a cuestionar su propia percepción del tiempo y la fragilidad de su existencia.
El concepto de “efímero”, entendido literalmente como “aquello que dura un día”, se convierte en una metáfora de la dualidad entre lo que se manifiesta y desaparece, y lo que permanece.
Levedad, infinito y suspensión atraviesan las imágenes y desafían la percepción espacial del espectador.
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The exhibition explores the ephemeral and the eternal as two dimensions that coexist within the works presented in the Museum. The choice of the ephemeral is not approached merely as something that fades, but rather as a gateway to a lasting essence: Eternity.
Like a mirror reflecting our intrinsic connection to what passes and what endures, the beauty of the ephemeral and the deep reflection on nature and existence are presented here as a bridge between the transient and the eternal.
This dialogue between the fleeting and the lasting not only encapsulates the essence of landscape and the human being, but also invites the viewer to question their own perception of time and the fragility of existence.
The concept of the “ephemeral,” literally understood as “that which lasts a day,” becomes a metaphor for the duality between what manifests and disappears, and what remains.
Lightness, infinity, and suspension flow through the images and challenge the viewer’s spatial perception.

La exposición en el Museo Lázaro Galdiano invita a explorar lo efímero y lo eterno como dos dimensiones que coexisten. Las obras son espejos que reflejan nuestra conexión con lo transitorio y lo permanente. La belleza de lo que apenas dura… como “aquello que solo vive un día”. Una puerta abierta a lo esencial: la Eternidad.
Levedad, infinito y suspensión atraviesan el espacio y desafían la percepción del espectador.
📍 Museo Lázaro Galdiano. INAUGURACIÓN, JUEVES 8 DE MAYO A LA 13 H.
#Efímero #Eterno #ArteContemporáneo #Exposición #Madrid
A M A R. A P E S A R D E L A A U S E N C I A.
Apartarse de la agresividad del mundo.
Envuelto por un jardín en su centro se alza el Museo Galiano, en su interior guarda tesoros de grandes bellezas; Cuadros como el aquelarre de Goya, el Salvador adolescente atribuido a Leonardo da Vinci o los Jerónimos de Bosco. La exposición parte desde el exterior hacia el interior. Se expande a través de las tres salas pórtico, galería y la sala invitado.
Atravesado por una ensoñación de raíz romántica que nos advierte de las contradicciones del mundo, de una lucha de dualidades contrapuestas que condicionan y caracterizan la vida de los seres, enfrentando el mundo interior a la naturaleza, el dolor y el sufrimiento al placer y a la alegría, la vida a la muerte. Interesada, ante todo en la evocación y recuperación de los recuerdos, de los instantes vividos e imaginados.
Las fotografías llenas de misterio, de soledad, plenas de un silencio cósmico, vinculado a lo más recóndito de la experiencia interna, unas imágenes en las que la estética se da la mano con el libre despliegue de la imaginación, estableciendo una extraña y desconocida distancia, una lejanía como estaciones del viaje del alma en su contacto con una realidad. La mirada a través de estas presencias de las que nos hablan de ausencias captadas entre reflejos y brillos, alteran el espacio embriagando al espectador con su propio reflejo. En este juego entre realidad y ficción, la luz tiene un papel relevante, ya que dibuja todo lo que nos rodea, crea vida.
Sala Pórtico. Instalación escultórica.
ANIMALES DEL TIEMPO.
Sala Galería XXIX. Fondos de la colección Fundación Vila Casas.
Planta 1: En el Vacío. (Instalación escultórica)
Planta 2: Cuerpos de luz.
Sala invitado. Instalación fotográfica.
L A N A D A.
Comme J´aime que tu existes.
by Web Mayte | Feb 2, 2025 | Exhibitions |
Las nubes en el cielo tejiendo Sueños, 2022. Mayte Vieta.
Folleto_MAYTE VIETA
Cuerpo y mar
“Solo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones”. Milan Kundera, La insoportable levedad del ser
“La experiencia del sufrimiento y la desgracia introduce el universo en el cuerpo. Para ello se hace preciso estar preparado, se necesita un cierto adiestramiento cuya meta es la de llegar a traducir, a leer el ‘texto de variadas significaciones’ que es el mundo. El método, único, para ese adiestramiento es la atención, es decir, según la definía María Zambrano, ‘esa primera forma de la conciencia, todavía religiosa’, que prepara al alma para su encuentro con el Bien, con la Belleza”. Carlos Ortega, en Simone Weil, La gravedad y la gracia, Trotta, Madrid, 1994
Ruido y silencio, peso y levedad, gravedad y ligereza, sueño y vigilia, proyección y percepción… Entre estos opuestos fluctúa O son do mar, una exposición de la artista multidisciplinar Mayte Vieta, que, al vaivén de contrarios aparentes, explora la sensación que todos habremos experimentado alguna vez de adentrarnos en ese espacio-tiempo paralelo que es el mar.
Sumergirse en las aguas marinas es sumergirse, también, en una misma. Los sentidos se agudizan y devenimos más conscientes de nosotras y de nuestro entorno, del lugar que habitamos y del sentido perecedero del mismo. El ruido exterior queda relativizado, y nuestra voz interior aflora en la oscuridad y el vacío marino. En la inmensidad líquida del fondo marino.
Adentrarse en el mar es una experiencia envolvente que nos concierne tanto a nivel físico como emocional. Es una inmersión en el paisaje que nos impregna, literalmente, de él. Físicamente, experimentamos cambios en nuestra percepción del entorno: la visión, la audición, el tacto, el olfato e incluso los movimientos de nuestro cuerpo se ven afectados por ese nuevo escenario. La visión se nubla, el paisaje se difumina y nos asentamos en la miopía. En cuanto a la audición, un silencio arrollador suele abrazarnos, aunque al permanecer unos instantes sumergidos, detectamos que lo que en un principio parecía un silencio es en realidad una constelación de sonidos y vibraciones sutiles latentes.
Con el cambio de gravedad, de algún modo, se produce también un cambio en los modos de interrelacionarnos con nuestro entorno. La lentitud de movimientos que impone el fondo marino se traduce en una intensificación del presente; los instantes se alargan como el eco de una voz lejana que reverbera en el espacio, y la fugacidad hambrienta del presente se ralentiza. En este contexto ingrávido y suspendido, lo mundano pierde peso y la vida parece redefinirse.
La sublimidad de la naturaleza nos ilumina en este sentido. En el mar, adquirimos conciencia de nuestra pequeñez y de nuestra impotencia. Al entrar en contacto con él, entramos también en un estadio místico de conexión con la naturaleza. Interior y exterior se armonizan en un gesto de comunión que nos recuerda que somos parte de un todo. El ego se desvanece, comulgando con algo más grande que él.
Es ese reconocimiento de la insignificancia humana ante la inconmensurabilidad de la naturaleza lo que simboliza el mar, el cual se expande horizontal y verticalmente más allá de nuestra percepción. Desde las profundidades más ignotas hasta la línea del horizonte, el mar rebasa nuestra comprensión. Eso nos seduce y nos atemoriza a partes iguales, quizás porque, como bien aseveró Eugenio Trías, “el sentimiento de lo sublime se alumbra (…) en plena ambigüedad y ambivalencia entre dolor y placer”.
En un contexto determinado por el antropocentrismo y sus consecuencias a nivel ecosistémico y climático, se hacen necesarias estrategias como la de Mayte Vieta que nos recuerdan hasta qué punto hay algo que nos supera. Desde el paso del tiempo hasta las fuerzas de la naturaleza, somos permeables a potencias que nos exceden. En este sentido, sus obras devienen una de las actualizaciones más relevantes del Romanticismo hoy en día.
Sin abandonar la formalización estética y el interés por la subjetividad, la emoción y la exploración de la interioridad propia del Romanticismo, Vieta puntualiza con su obra esta sensibilidad uniéndola a una reflexión mucho más contemporánea, que tiene que ver con la necesidad de concienciarnos sobre la escala de los acontecimientos climáticos y la urgencia de poder reconectar con nuestros orígenes si de lo que se trata es de preservar nuestro entorno.
Con una potencia expresiva cercana al Romanticismo, pues, la obra de Vieta aúna sensibilidad y sensibilización con la intención de evocar una comprensión más atenta de la belleza del mundo y de su fragilidad. Para ello recurre a la metáfora del mar, origen de todo pero también indicio de unos cambios cada vez más perceptibles que amenazan con desestabilizar el orden actual.
La metáfora del mar ha sido recurrente a lo largo de sus más de tres décadas de trayectoria. La primera incursión de la artista en las profundidades del mar se remonta a principios de este siglo, con su obra Silenci (Silencio, 1999) en la ya desaparecida sala Metrònom de Barcelona.

La instalación, formada por fotografías de gran formato y espejos que expandían el paisaje incluyendo al espectador, mostraba el cuerpo desnudo de una mujer debatiéndose entre la placidez amniótica del origen y el desasosiego de la existencia. Con su obra, la artista parecía expresar una forma de felicidad compleja que confronta sentimientos encontrados de plenitud y de fuga. Al sentimiento de plenitud lo acompañaba una extraña percepción de melancolía, una especie de estupor ante la dimensión inconmensurable de la naturaleza, que tan pronto nos acaricia como nos oprime.
Casi diez años más tarde, tras su maternidad, Vieta revisaba el fondo marino con su serie Cuerpos de luz (2009).

En estas fotografías, una luz proyectada en el mar mediante un potente foco nos revela la presencia de un cuerpo femenino flotando en medio de la nada. Inmerso en la quietud de un abismo ingrávido, el cuerpo da la impresión de estar suspendido en el tiempo y en el espacio, en una realidad paralela, onírica; más alegórica que descriptiva. Acaso reflejo de su interior, el mar denso, oscuro y sofocante que envuelve la figura femenina evoca la naturaleza más sublime y aterradora. Inerte y desnudo, el cuerpo levita, como la Ofelia de Millais, en aguas heladas, completamente expuesta a la intemperie.

A la vez una metáfora y una alusión a nuestro origen primigenio, estas fotografías nos hablan de la insoportable levedad del ser, de la solitud inherente a la existencia, la desolación ante el paso del tiempo, la falta de significado y, en definitiva, la nada.
Serie Nocturna, 2014. Consta de nueve fotografías.
Colección Fundacion Vila Casas. Nocturna, 2014. Fotografía en aluminio con marco de acero y madera. 127cm x 196cm.
Vista de la exposición CGAC, 2024/2025. Santiago de Compostela. 




Colección Fundacion Vila Casas. Nocturna, 2014. Fotografía en aluminio con marco de acero y madera. 127cm x 196cm.
Colección de Mayte Vieta. Nocturna, 2014. Fotografía en aluminio con marco de acero y madera. 127cm x 196cm.
Nocturna (2014), en cierto sentido, viene a ser el contrapunto de Cuerpos de luz (2009). Así como Cuerpos de luz evoca la paralizante inmensidad de la naturaleza, representada en las profundidades más gélidas, ignotas y oscuras del océano, Nocturna incorpora movimiento, ligereza, fluidez. En Nocturna ya no encontramos un cuerpo lánguido sumido en una quietud inquietante, sino una bailarina, que se desenvuelve en el fondo acuático mimetizándose con su entorno. Nocturna incorpora el dramatismo y el contraste de Caravaggio y se sirve del claroscuro para enfatizar la oscuridad: esa nada invisible hecha de ausencia que nos remite a la noche, a la muerte y al silencio.



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Emergiendo de las profundidades ignotas del océano, encontramos la instalación La sonrisa innumerable de las olas del mar (2022), una suerte de caleidoscopio que contiene diferentes líneas de horizonte. A través de estas líneas, nos habla de la imposibilidad de hacernos una imagen de la inmensidad de la naturaleza, la cual escapa a nuestra perspectiva y nuestras capacidades de percepción física. Esta imposibilidad de visión holística y omnisciente se ve reforzada por el entorno oscuro de la sala que acoge la instalación, completamente tapiada y desprovista de otro color que no sea el negro más profundo. Con esta escenografía, busca de nuevo la ambivalencia y la armonía entre contrarios estableciendo un juego entre la visión del exterior y la sensación de encontrarse dentro del mar, en las mismas profundidades que la mujer de la sala anterior, emplazada análogamente en un entorno contrario al contexto temático.





Fotografía por Natalia Chocarro. Comisaria de la exposición. Instalacion La sonrisa innumerable de las Olas del Mar.
Silencio, Nocturna y Cuerpos de luz se sitúan en una sala de paredes blancas iluminada artificialmente. La oscuridad de las obras y la sensación de profundidad que transmiten contrastan, pues, con el vacío iluminado que las rodea. El opuesto se da en la tercera y última sala de la exposición, donde, en continuidad con la instalación de los diferentes amaneceres sobre el mar, encontramos tres paisajes retroiluminados, aislados por una oscuridad envolvente y arrolladora. Estos tres paisajes, de la serie O paraíso perdido, retoman el tema de la línea del horizonte, con la diferencia que, esta vez, la encontramos intervenida con islas y formaciones rocosas diversas que vienen a simbolizar el aislamiento, la alienación y la soledad humana ante los acontecimientos que nos sobrepasan.









CGAC “O paraíso perdido” (2009) instalación 2024- 2025. Museo de arte contemporánea en Santiago de Compostela.

Inspirados originalmente en unas marinas que le regaló su padre, estos paisajes nos hablan del dolor, la pérdida y la desolación, pero también de la resiliencia y de nuestra capacidad de resistir y persistir. Más allá de la línea del horizonte, hay esperanza. La propuesta de Mayte es recontrarnos con nosotras mismas y con nuestro entorno para concebir este nuevo amanecer. Natàlia Chocarro Bosom Asesora de arte de presidencia. Programa PUNTS DE FUGA de la Fundación Vila Casas, Barcelona.

Fotografía de Natàlia Chocarro CGAC, septiembre del 2024.
Obras © Mayte Vieta, VEGAP. Santiago de Compostela, Spain. 2024 / 2025.

ILUCES DE SEPTIEMBRE EN EL CGAC 2024
LUCES CGAC SEPTIEMBRE 2024
E L M E J O R P A R A Í S O
E S E L P A R A Í S O P E R D I D O.
Paradise Lost. John Milton (1608-1674)
El espacio-tiempo en el CGAC. El proceso creativo: tiempo, luz y espacio.
La arquitectura en el CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea) se presenta como un auténtico escenario de introspección. Diseñado por Álvaro Siza, cada vacío, cada silencio arquitectónico, se convierte en un umbral hacia la introspección. Las líneas limpias y los volúmenes geométricos que definen su diseño destacan por una simplicidad que, al observarla, revela una complejidad sutil. Cada elemento, desde los ángulos cuidadosamente pensados hasta la interacción con el entorno, invita a la contemplación pausada. Este equilibrio entre lo simple y lo complejo permite que el edificio contraste y, a la vez, armonice con el paisaje histórico de Santiago de Compostela.
La atmósfera que emerge se construye a partir de la interacción de la luz natural con los materiales, en especial el granito, que aporta una solidez terrenal y a la vez una ligereza gracias a su integración con la iluminación cambiante del día. En su interior, las sombras y reflejos que se proyectan sobre las superficies generan un ritmo visual que parece ralentizar el tiempo, transformando cada rincón en un espacio para la pausa y la reflexión.
Reportaje de la exposición: Fotografias LA DIAPO. CGAC.
En este marco, la exposición O son do mar se entrelaza perfectamente con el espíritu del museo. La muestra no solo ocupa el espacio, sino que lo transforma, al mismo tiempo entre los silencios y vacíos del diseño refuerzan la sensación de recogimiento. La exposición crea un refugio emocional dentro del refugio físico del edificio. Cada sala se convierte en un “espacio dentro de otro espacio”, una serie de capas que aíslan al visitante del bullicio exterior y lo conducen hacia una experiencia íntima. Se encuentran consigo mismos, en un diálogo íntimo con los ecos del mar, la luz, la oscuridad y el entorno arquitectónico. Así, el visitante no solo experimenta un espacio, sino que vive un instante suspendido.
“O son do mar” es, en esencia, una exploración sensorial y emocional, un recorrido que traslada al visitante desde la contemplación del cosmos hasta la profundidad de la naturaleza y, finalmente, hacia la introspección sobre la fragilidad y la belleza de la existencia.
La exposición se despliega en la planta 1, en tres salas, cada una concebida como un microcosmos que invita a la reflexión y al descubrimiento: En la primera sala, las fotografías de las series Cuerpos de luz (2009), Nocturna (2014) y Silencio (1999) interactúan con un espacio iluminado tenuemente. A través de la luz del lucernario, semi oculto por la mesa invertida del techo hacen resbalar una luz difusa por las paredes, iluminan las fotografías dispuestas en tres trípticos creando un movimiento en pausa a través de la mirada. Contrastan: Tres cuerpos sumergidos en el mar azul y tres en negro profundo. Evocando el diálogo entre lo eterno y lo efímero. Un total de once fotografías, frente a dos siluetas difusas, Silencio y La burbujita que en su parte central las siluetas gravitan entre la atracción del plancton, y nos trasladan hacia el universo de la sala 2.
Silencio, 1999. 200cm x 200cm. Fotografia en foam con metacrilato. Marco de hierro y madera.

Fotografía OVÍDEO. CGAC
Lo inmensurable.
La segunda sala, La sonrisa innumerable de las olas del mar, sumerge al visitante en la oscuridad. Quince cajas de luz forman una constelación de fotografías, marinas en blanco y negro. Inspirada en noches de insomnio durante la enfermedad de mi padre, la instalación refleja cómo la búsqueda de la contemplación del mar y las estrellas se convirtió en evasión. Sitúan al espectador dentro de la oscuridad frente la instalación, ante un parpadeo de luz, se crea una sensación de movimiento en lo fotografiado por un efecto óptico de la retina, al habituarse de la la luz a la oscuridad nos traslada en un viaje espacio/tiempo. Profundamente personal y poética, concebida desde los recuerdos transforma las emociones en una experiencia espacial y visual. Un delicado tejido íntimo y a la vez universal.
La disposición de las cajas de luz como una constelación en una noche oscura, permite al espectador transitar entre la inmensidad del universo y la intimidad.
Las pequeñas cajas de luz que emulan destellos de estrellas y contienen marinas, en blanco y negro, no solo como paisajes del mar, sino también fragmentos del tiempo, a través de las estaciones y las condiciones cambiantes del cielo y la luz brillante en las olas del mar, crean un registro visual del tránsito de los días y las estaciones. Este juego entre luces, penumbras y oscuridad, entre lo micro y lo macro, refleja la universalidad del amor, el deseo y la esperanza inherente al acto de recordar. El juego de percepciones—desde la distancia como estrellas y de cerca como marinas—revelan cómo los recuerdos toman forma en nuestra mente: fragmentados y dispersos desde lejos, pero llenos de detalle y significado en la proximidad.



LA SONRISA INNUMERABLE DE LAS OLAS DEL MAR 2024



Desde esta experiencia personal (2019-2022) marcada por la pandemia y la enfermedad de mi padre, en un momento de incertidumbre el arte se convirtió en inquietud hacia lo luminoso y atracción hacia la luz a través de los cuerpos celestes: la luna, las estrellas, los planetas.
Detalle de la marina regalo de mi padre (autor desconocida)
Recordé a mi padre llevándome de visita a un pequeño estudio de un pintor de acuarelas en la calle Pelayo, en Barcelona, a la edad de ocho años. Las miniaturas de marinas cubrían las paredes, con su delicadeza y detalle. Mi padre me regalo una pequeña miniatura de 6×8 cm un pequeño universo contenido, reflejando la inmensidad del mar en un pequeñito cuadro. Se ha convertido en un símbolo del perdón: un vínculo tangible entre mi padre y el momento compartido.
Para dar sentido al caos, en mi duermevela, visione esa imagen de marinas flotando como constelaciones y en ellas, el mar estrellado y el cielo con nubes viajeras como escenarios infinitos reflejando la búsqueda en la eternidad del recuerdo. Un episodio de mi infancia que pasó desapercibido en su momento, se revelo tras la perdida como una semilla que floreciendo. En cada caja parece contener ecos de esa búsqueda, capturando instantes efímeros que, sin embargo, trascienden el tiempo y adquieren un significado más amplio, resonando con quienes también comparten emociones de pérdida y redescubrimiento. Este diálogo entre lo íntimo y lo universal, entre la fragilidad de la vida y la búsqueda de lo perdurable, convierte a la obra en un espejo donde el espectador puede ver reflejada su propia experiencia. Resuena profundamente con quienes buscan significado en sus propias ausencias.
Un tiempo profundamente marcado por la pérdida, tras el reciente fallecimiento de mi padre. La serie “Nada es más negro”, cuyas palabras resuenan con fuerza a lo largo del proceso creativo, se origina en la frase de Paul Celan: “Nada es más negro que la mañana luminosa del recuerdo”. Creando doce cajas de luz para la instalación presentada en el 2022 “Cosmos. Mirar en la oscuridad entre las estrellas” exposición, en el Castillo de Vila-Seca de Tarragona.



Transcurridos tres años de la muerte de mi padre la instalación presente en el CGAC, 2024 propicio el cambio de título y la continuidad de la serie en tres nuevas producciones. Un proceso de transformación emocional, desde el dolor hacia la sanación y la aceptación.
Este gesto poético da nombre a un nuevo titulo de la serie “La sonrisa innumerable de las olas del mar”, la frase acompaña a las fotografías que aparecen en la pared frontal de la instalación a una distancia de once metros en vinilo dorado, no solo como una metáfora visual de la resistencia al olvido, sino también una afirmación de la perpetuidad de la memoria.
Las palabras doradas brillan en la penumbra de la pared evocando la esperanza, una promesa de continuidad entre el pasado y el presente. Una ofrenda, al ser recordados.
Fotografia LA DIAPO. CGAC
O P A R A Í S O P E R D I D O
La fragilidad de la naturaleza y el ser humano.
Mi trabajo se desarrolla en un diálogo continuo con el tiempo, la luz y el espacio.
En la tercera sala, titulada O paraíso perdido, el visitante es sumergido en un espacio donde tres paisajes — un paisaje rojo de Islandia (2006), Costa Brava (2019) y una fotografía del monte Circeo, Italia (2020/2024)— conforman una instalación profundamente evocadora. Producida por el CGAC, 2024 esta instalación establece un diálogo silencioso con el espectador, aislándolo del ruido del mundo y transportándolo a escenarios que oscilan entre lo real y lo imaginario.
Son paisajes que, aunque ajenos al visitante, despiertan sueños, viajes mentales y una contemplación introspectiva.
Paisajes de la fragilidad y la inmensidad.
Las fotografías expuestas pertenecen a una serie que abarca casi dos décadas de exploración de paisajes atemporales y diversos, desde la Patagonia e Islandia hasta Tahití y Escocia (2001-2020). Estos espacios, despojados y subyugantes, capturan la esencia de la naturaleza en su estado más puro, pero también exponen su fragilidad. El silencio absoluto que emana de estas imágenes refuerza una estética romántica donde la inmensidad se mezcla con el misterio, subrayando la vulnerabilidad inherente tanto al paisaje como a la existencia humana.
Estas fotografías revelan una conexión íntima con la naturaleza, una búsqueda de su belleza sublime, pero también su vulnerabilidad frente al tiempo y las fuerzas del entorno.




Diálogo entre lo tangible y lo onírico.
La tensión que se percibe en estas fotografías, oscilando entre lo real y lo imaginario, abre una puerta hacia una percepción ampliada de la realidad. Los paisajes erosionados por el tiempo y los elementos, espejismos y reflejos cromáticos, así como los contrastes de luz y sombra, transforman lo visible en símbolos de libertad y exploración mental. Estos elementos no solo representan lugares geográficos, sino que se convierten en escenarios para la introspección, invitando al espectador a reflexionar.
El poder de lo efímero.
La fotografía, como medio, actúa aquí como una herramienta para capturar la fugacidad y, al mismo tiempo, sugerir lo eterno. Este medio congela el instante, transformándolo en un espacio suspendido donde el presente se preserva en el tiempo. Sin embargo, esta suspensión no está exenta de una tensión inherente: la consciencia de la transitoriedad. Este juego entre la materialidad de la imagen y la intangibilidad del tiempo resuena con las palabras de John Berger:
Ante la individualización de cada instante, ningún presente puede cargarse de una significación estable. La primera tentativa de salvación es recordarlo pero se trata de una acción estéril que cambia irremisiblemente la naturaleza del instante, un simulacro- escribe al respecto John Berger- que disfraza el tiempo en una infinita repetición del pasado (1). (1) John Berger, Jean Mohr, “Otra forma de contar”, Mestizo, Murcia, 1997.

En la inmensidad del espacio: un diálogo entre luz, tiempo y humanidad.
En esta instalación, las tres fotografías iluminadas en plena oscuridad evocan un juego óptico hipnótico, donde las imágenes parecen flotar como capas de aire con densidades variables. Este efecto genera una sensación de profundidad y tiempo suspendido, llevando al espectador a una dimensión en la que lo visible se entrelaza con lo intangible.
En esta fusión entre luz y oscuridad, se intensifica esta atmósfera introspectiva, no solo permite contemplar los paisajes, sino también habitar un espacio emocional, donde el espectador se encuentra desdibujando los límites del presente y permitiendo una experiencia inversiva que atraviesa el flujo del tiempo y la memoria. La vulnerabilidad del paisaje se convierte en un reflector íntimo que confronta al observador con su propia temporalidad y lo invita a encontrar fortaleza en esa fragilidad.
La sala parece inhalar y exhalar con cada cambio de densidad y luz, creando un paralelismo entre los ciclos naturales y los procesos internos del espectador. En este espacio, el pasado, el presente y el futuro se fusionan, materializando un tiempo que no transcurre, sino que se detiene.

O PARAÍSO PERDIDO 2024 MAYTE VIETA
La fuerza de lo efímero.
La obra celebra la fugacidad como una paradoja: en lo transitorio se encuentra la fuerza, y en la desnudez del paisaje, su capacidad para conmover y conectar profundamente. No es el paisaje grandioso el que impacta, sino el desolado, el que, en su honestidad, invita a la contemplación y a una relación más íntima con el tiempo y la naturaleza. La atmósfera creada a través del juego de luces y densidades espaciales desdibuja los límites del presente, permitiendo que el espectador sienta el flujo del tiempo y el espacio. El pasado, el presente y el futuro se entrelazan en un tiempo que no se mide, sino que se percibe y habita.
La instalación establece paralelismos con las tradiciones artísticas del Land Art y el arte ecológico. Al igual que Robert Smithson o Nancy Holt, transformaron paisajes naturales en espacios para la contemplación, estas fotografías trascienden su contexto físico, invitando a reflexiones metafísicas. Eligiendo una postura poética y espiritual, que resalta la relación emocional entre lo humano y la naturaleza en las fotografías no solo documentan un lugar, sino que trascienden su contexto físico para invitar a reflexiones sobre la existencia.

En O paraíso perdido, nos recuerda que, aunque todo parezca desvanecerse, la naturaleza y el arte poseen la capacidad de conectar lo efímero con lo eterno, lo individual con lo universal, y lo material con lo trascendental.
Revelan cómo la belleza más conmovedora y la fragilidad son inseparables.
Lo que es fugaz, nos conecta con lo eterno; lo que es vulnerable, nos revela nuestra propia fuerza.
Mayte Vieta. Noviembre del 2024.

La nubes en el Cielo tejiendo Sueños, 2022. Mayte Vieta invitación Mayte Vieta_Digital
Fotografías de los días del montaje en el CGAC.
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by Web Mayte | Feb 2, 2025 | Exhibitions |



Mayte Vieta COSMOS. (catálogo exposición)

Inquietar la imagen.
En Imágenes que piensan Walter Benjamin narra uno de sus sueños: un momento en plena noche, de intensa oscuridad, en el que caía una lluvia violenta que ablandó completamente el suelo que sostenía sus pies. Al perder el suelo y animado por la advertencia del peligro, corrió en sentido inverso, no hacia la luz sino hacia la oscuridad, allí donde el conocimiento que perfila las cosas murmulla y no está dispuesto a retirarse en silencio. La oscuridad no se presenta aquí como lo amenazante, tampoco como un refugio, más bien como la singularidad radical de lo abierto, como si otra vida pudiera brotar de las formas elementales, en donde las figuras extenuadas pueden asistir a otro nacimiento. El negro es para occidente el lugar del duelo, de la muerte, aunque también de lo ignoto. Hay una memoria dormida que cuenta que el negro es el lugar donde crece la vida, el útero húmedo, el pubis poblado que anida deseos despeinados.
En un estudio de las nubes, que titula Imágenes negativas, Victoria Cirlot desarrolla una reflexión en torno a diversas poéticas negativas, imágenes cargadas de una fuerza crítica que constituyen modos efectivos de apertura, oscuridad que permite ver aquello que el exceso de luz impide. De hecho, “la experiencia de Dios acontece de un modo que solo las imágenes negativas pueden dar cuenta de ella”. La densa nube articula las condiciones de posibilidad de una imaginación activa que envuelve lo que no puede ser mostrado porque está a la espera de su estructura.
Si bien lo visible parece cómplice de la evidencia, de la claridad y de las diversas metáforas de lo luminoso como lo que hacer ver, el gesto común a estas dos operaciones de pensamiento procede por una especie de contra intuición y se dirige a la oscuridad para activar una capacidad que se desconoce. En este caso, lo visible exige un ejercicio riguroso de la mirada que dimite del privilegio de lo óptico como figura de dominio, para desplazarse a un ver que no rechaza cerrar los ojos, que entiende que en su parpadeo es donde respira su posibilidad para desarrollar una interrogación propia, en donde es ‘imprescindible dar la palada a tientas hacia el oscuro reino de la tierra”, dejarse atravesar por desequilibrios locales en los que ninguna forma conserva su integridad.
Un visible articulado por el movimiento del cuerpo, por la capacidad sensible que se abre en una experiencia de dolor que desobra nuestras orientaciones. Es como si la imagen que hay que ver faltara en la imagen, nos solicita para ser producida. Mayte Vieta hace durar un instante, “abre su espalda a un viento hóstil”, para sacudir nuestro suelo desde una oscuridad que no se reduce a una metáfora, al menos no una que esté organizada por el significante, sino por sus tensiones y consistencias, por su no domesticación. Imágenes entretejidas en los pliegues de inmensidades suspendidas entre memorias, tiempos y la necesidad de reubicar su peso. No son imágenes de una ensoñación, son imágenes que piensan en los bordes del sueño, en el juego con los materiales, en la deslugarización de la mirada, en los traspiés y fracturas que vuelven a la superficie, huellas de existencias afónicas. Las imágenes entre las que nos vemos aparentemente están inmóviles, sin embargo, qué es lo que se pone en movimiento en esa quietud.
El ojo escucha, decía Paul Claudel; arrebata la forma y le da otro espesor, pero también una vibración. Escuchar pide ser tomado por un espacio, estar atento a cómo se forma una situación. Atención como facultad necesaria para sostener situaciones de no saber, situaciones no organizadas por un modelo. Comprender es siempre crear relaciones. Cómo se escucha cuando hemos perdido el suelo, “¿qué es un ser entregado a la escucha, formado por ella o en ella, que escucha con todo su ser?”
Levantar imágenes tiene que ver con escuchar y con tocar, con el canto y la danza, con escarbar, con dar soltura a lo que se ha anudado para dejar caer. Es en este sentido que Gilles Deleuze decía que una composición es siempre una estructura que está desagregándose, una relación de cosas que se desploma, que necesita engendrar aquello con lo que se quiere tratar. Tratar con ese algo testarudo que no deja de caer, ese algo huidizo que hace resbalar todo intento de lectura. No para recoger la identidad, su forma inmóvil; no para encontrar lo que ya existía, sino para seguir su impulso. Mayte Vieta engendra imágenes que inquietan la mirada y tocan un pensamiento que muestra sus límites, al que es necesario arañar su fuerza crítica. Imágenes que interrogan los modos en que hemos organizado nuestra vida y su pulsión destructiva. En esas zona conflictiva, Mayte Vieta introduce puntos de luz, no para iluminar sino para hacer respirar a las imágenes, abrir la visión de lo que creemos visto.
¿Qué mirada solicitan estas imágenes? Una mirada que ralentice el tiempo y que imprima un desvío en aquello que asumimos como conocido. Una mirada atenta es un trabajo de elaboración compleja en donde mirar no es una actividad que vaya de suyo. El trabajo de lo visible procede de estructuras deseantes. La economía de compartir miradas se sostiene en el desprenderse de sí para abrirse a su posibilidad futura.
Andrea Soto Calderón.
Texto catálogo de la exposición.
7 de julio del 2022.
1 Victoria Cirlot, Imágenes negativas, Mundana, Santiago de Chile, 2017, p.26.
2 Walter Benjamin, Imágenes que piensan, Abada, Madrid, 2012, p.141.
3 Marie Bardet, Perder la cara, Cactus, Buenos Aires, 2021, p.19.
4 Jean-Luc Nancy, A la escucha, Amorrortu, Buenos Aires, 2007, p.15.
5 Gilles Deleuze, Pintura, el concepto de diagrama, Cactus, Buenos Aires, 2007, p.23.
Obras © Mayte Vieta, VEGAP Castillo de Vila-Seca, Tarragona.



Entre deux mondes, 2022. 4 espejos oxidados intervenidos de 120 de diámetro. Retroiluminados.

















Animales del Tiempo, bambi, 2011. Colección de Arte Banco Sabadell.


Las nubes en el cielo tejiendo Sueños, 2021.
Tal vez mañana, 2021.
En l´espai dels somnis fora del temps, 2021.

Fotografías exposición Pere Pratdesaba.
Comme J´aime que tu existes, 2022. Mayte Vieta 

Nada es más negro. 2022. Instalación fotográfica. Exposición COSMOS.






Fotografías exposición Pere Pratdesaba.

Foto de Patrícia Maseda
Las nubes en el cielo tejiendo Sueños, 2021. Mayte Vieta