Nostalgia 2017.

Nostalgia, 2017 de mayte Vieta
Nos afecta a todos y cada uno, y sabe expresar la luz de una tarde, la caída de la lluvia, la cercanía del sueño, la sombra de la casa natal o la frescura del agua que regocija en un espléndido relato, de la fidelidad, de la épica familiaridad con la vida y la muerte. De esos valores que ella sabe que no posee ni en la existencia ni, salvo raras excepciones, en el arte y de los cuales sólo puede expresar la nostalgia. Le concedieron la expresión que crea la vida, sino sólo la alusión que la menciona de refilón. Su poesía dice la melancolía de esa alusión fugitiva, «la inminencia de una revelación que no se produce», la espera de un secreto que no se revela.
Claudio Magris

UTOPÍA Y DESENCANTO
Nostalgia nombre femenino.
Sentimiento de pena por la lejanía, la ausencia, la privación o la pérdida de alguien o algo queridos.
Invita al espectador a un recorrido entre el espacio y el tiempo a través de la fotografía y la escultura. Un viaje hacia la nostalgia, ante una imposible totalidad de la vida, nos conduce al vacío, la ausencia, la presencia y lo incompleto. El espectador es engullido por la atmosfera de la melancolía para dialogar con la fragilidad humana, la vida y la muerte. Especialmente interesada en la relación entre lo íntimo y lo desconocido. La exposición presenta un estudio complejo de lenguajes y materiales que reflejan a través del desdoblamiento, el enfrentamiento, la contemplación, la complejidad ante los acontecimientos que nos vamos encontrando en los vaivenes del tiempo.
Al abrir la puerta de la galería, el espectador, se convierte en un huésped de un mundo íntimo, a la vez próximo, como es la experiencia ante el dolor de la ausencia de aquello que amamos, del paso de un tiempo inevitable, los cambios de lugares, personas…. La imposibilidad de retener lo que más queremos. Nos hace cómplices en el primer encuentro. En la pared frontal, tres fotografías. Es la primera visión, el primer encuentro, de dos barcas L´attente, la espera. Sublime confín de aquello que está por venir y es inevitable. El misterio del agua que mece las barcas como cunas, nos envuelven frente un paisaje mudo ante la oscuridad (agua). Junto a ella, de la serie A la luz del invierno (uno de mis últimos trabajos) fotografía realizada a través del paisaje y la luz, antes del anochecer, justo en los últimos minutos, poco antes de la perdida de la exaltación del color, tonalidades de dorados, amarillos, (tierra). Dulce hogar, a veces…un paisaje, es de noche, el cielo estrellado en la plenitud, a los pies de las sombras de las montañas. Una pequeña casa iluminada, con una luz en su interior (cielo).
En la pared frontal, entre loa dos balcones que dejan entrar la luz natural de la calle la escultura Mama, una pieza de cobre en forma de alga, ramificada abierta al espacio, como una flor del mar momificada y eterna – Visualice esta pieza a través de un sueño como un pulmón, que bate y lucha para poder respirar – vivido, por el dolor de la ausencia. Dedicada a mi madre que murió el 10 de febrero del 2015.
Animales del tiempo, bambis. Dos bronces, en forma de bambis, colocados cada uno sobre una estructura en forma de balancín, uno mira al otro, nos traslada a la infancia, un pasaje a la niñez, con apariencia de un juguete. En la pared frontal dialogan con la fotografía en aluminio mama, fundiéndose en el espacio como una flor en forma de alga.
Nostalgia, da nombre a una serie de 6 fotografías, retratos a través del silencio, del gesto y las emociones de un niño (mi hijo, Alan) en distintas posiciones. La pausa del movimiento, querer capturar el gesto a través del instante, de la luz, minutos antes del anochecer.
Junto a ella, de la misma serie Nostalgia, El bosque. Aparece la silueta de un niño rodeado de un bosque en pleno anochecer, el cuerpo empequeñece en la plenitud de la naturaleza, la fragilidad del cuerpo contrapuesto al gesto amenazante del niño (futuro).
Los paisajes presentes en la exposición seducen al espectador a la contemplación de la belleza, visión de lugares desolados, donde siempre hay un objeto o persona. Durante años he ido archivando fotografías de mi mundo cotidiano, intentando capturar ese instante preciso para devolverlo, al (presente). En la exposición he realizado una selección para mostrar esas secuencias como un guiño del tiempo, Irrepetible. Una pequeña selección de los momentos vividos e inacabables, ya que la serie nunca estará completa.
Irrepetible. Mayte Vieta 2017
La espera, 2016. Fotografía en aluminio 127cm x 186cm.
Animales del Tiempo, 2016. Dos esculturas de bronce. Bambis.
Irrepetible
Irrepetible, 2016 de mayte Vieta
Nos afecta a todos y cada uno, y sabe expresar la luz de una tarde, la caída de la lluvia, la cercanía del sueño, la sombra de la casa natal o la frescura del agua que regocija en un espléndido relato, de la fidelidad, de la épica familiaridad con la vida y la muerte. De esos valores que ella sabe que no posee ni en la existencia ni, salvo raras excepciones, en el arte y de los cuales sólo puede expresar la nostalgia. Le concedieron la expresión que crea la vida, sino sólo la alusión que la menciona de refilón. Su poesía dice la melancolía de esa alusión fugitiva, «la inminencia de una revelación que no se produce», la espera de un secreto que no se revela.
Claudio Magris
UTOPÍA Y DESENCANTO
Nostalgia nombre femenino.
Sentimiento de pena por la lejanía, la ausencia, la privación o la pérdida de alguien o algo queridos.
La exposición es recorrida por el espectador a través del espacio-tiempo. Las obras presentes se desdoblan en el espacio, creando un dialogo entre ellas. La tensión, la técnica en los materiales como el aluminio, el bronce junto a las fotografías. Una invitación al espectador a viajar hacia la nostalgia de una imposible totalidad de la vida, expresa por consiguiente el vacío, la ausencia, la presencia, lo incompleto.
Fotos exp Ariadna Pujol Exposición
IRREPETIBLE, 2018.
Habría querido hablar sin imágenes,Sólo empujar la puerta…
Pero para lograrlo
Tengo miedo, incertidumbre, a veces piedad:
No se vive mucho tiempo como los pájaros
En la evidencia del cielo,
Y vuelto a caer a tierra,
No se ve ya en ellos precisamente sino imágenes
O sueños.
Philipe Jaccottet
“A la luz del invierno”,1977
Fotos Mayte Vieta
Dos Mundos – Two Worlds
SIN FIN 2004 MAYTE VIETA
Transcripció. MARIE-CLAIRE URBERQUOI.
SIN FIN. Espai Volart. Exposición del 15 de enero al 3 de abril de 2004.
Mayte Vieta, sin fin «…está oculto en sus raíces sumergidas, en las profundidades del mar» Clarice Lispector.
Formada en la Escuela Massana de Barcelona, a Mayte Vieta. La vida le ha dado los argumentos para seguir aprendiendo, experimentando y creciendo. En la década de los noventa, con apenas 20 años, su obra empieza a ser expuesta en diversas ciudades españolas; su «primer ARCO» se remonta a hoy día esa trayectoria ya suma más de 20 exposiciones individuales, una cincuentena de colectivas y un arte que también se ha podido contemplar en Francia, Alemania, Bélgica, Portugal e Italia. Cicatrices, Mujer raíz, Cabellera del tiempo, De su amada memoria… son títulos de algunas de sus esculturas que, a modo de sentidas palabras clave, dicen mucho más que cualquier apunte biográfico. Soledad, pérdida, silencio, fisura, distancia, huella, tránsito, muerte… Adoptar y dejarse adoptar es el juego que le permite a Mayte Vieta la utilización de todo aquello que puede ayudarla a construir y comunicar. La disolución de los medios de expresión es un hecho y por eso nunca ha considerado la etiqueta: sus fotografías son pictóricas y escultóricas a la vez; los volúmenes son atmósferas en movimiento… Lo que interesa es configurar una atmósfera que se convierte en ausencia, suspensión, ingravidez, entre la densidad y la levedad, entre lo visible y lo invisible, con el objetivo de volver a encontrar el misterio que hace visible lo que sientes o dejándote llevar por un sueño que halla su espejo en la realidad. La obra de Mayte Vieta nos hace reflexionar sobre la existencia, y su planteamiento, plenamente contemporáneo, se escapa a cualquier etiqueta obsoleta para sumergirnos en la obra de creación. El tiempo como movimiento, como reflejo del tránsito entre pasado y futuro, desvela aspectos de su experiencia personal. Se interesa por captar el instante, un fragmento intemporal, muchas veces encerrado (es el caso de la raíz en una urna de cristal), al cual quiere proteger y dejar en pausa para que sea el mismo espectador quien continúe el movimiento, el diálogo. Sus instantes desaparecen de cualquier plano de ubicación ( qué más da el lugar, el día, el año? para qué reducirse a la anéc- dota del paisaje con denominación de origen si sus naturalezas, sus objetos, son tan sólo metáforas del cuerpo humano?); sus instantes son fragmentos de vida y de sueño, una confusión de los sentidos donde ella inventa la mirada, porque son próximos pero no propios, lo suficientemente ambiguos para que todo el mundo se identifique de una manera u otra. Si capta una imagen, la ve aparecer y la respeta. No altera nada, como si la viera por primera vez, aunque siempre llega a ella a través de una emoción o un pensamiento coincidente. El tiempo como lentitud de una mirada vigilante y como rapidez cuando experimenta la iluminación del instante. Su mirada y su pasado se vuelven a encontrar, aquellos ojos de ventana que veía Cixous en la escritora Clarice Lispector, unos ojos que no eran interiores ni exteriores sino en trayecto, clavando la imagen para no violentarla, dejándola ser. Podemos encontrar paralelismos en la necesidad de Vieta por hallar lugares intemporales donde lo próximo surge como un misterio, siempre oculto, sin que nunca llegue a ser lo propio, tratando tan sólo de dejar libres las emociones, lo más genérico, humano, universal. Debe precisarse que es una obra donde todo el mundo, venga de donde venga, se siente cómodo.
De hecho, con sensualidad y sutileza, construye imágenes, atmósferas, que se convierten en un placer para la mirada; pero si escarbamos, si hundimos la mirada, podemos percibir que todo es una ilusión, un engaño de los sentidos que golpea de manera brutal y deja sin protección alguna el drama de la fragilidad humana, el dolor, la ausencia… Las raíces, las mariposas disecadas, las jaulas con pájaros, el horizonte como línea divisoria hacia el infinito… Glòria Bosch Directora de Espais d Art de la Fundación Vila Casas.
DEBATE MARIE-CLAIRE URBERQUOI Periodista y crítico de arte de El Mundo. ARNAU PUIG Filósofo y crítico de arte OSAIO FONTOVA Periodista y crítico de arte de El Periódico. La programación de arte de la Fundación Vila Casas para el año 2004 arranca con esta exposición de Mayte Vieta en el Espai Volart, en Barcelona. «Sin fin» acoge 23 obras realizadas en los últimos tres años por esta joven artista, cuyo ingenio creador intercala amablemente la escultura y la fotografía. Durante este año, la fotografía va a ser la protagonista del nuevo espacio que la Fundación inaugurará en primavera en Palafrugell (Girona). Se ha querido iniciar la temporada, pues, con una artista fronteriza, sabia en la utilización de la cámara a pesar de no reconocerse como fotógrafa. Mayte Vieta empezó a trabajar con técnicas fotográficas a mediados de los noventa, arrastrada por un ansia de hallar atmósferas que llenaran con nuevas propuestas el lenguaje que debiera relatar la propia biografía. Su carta de presentación al gran público había sido la escultura en la colectiva «Al raso. Figuras a la intemperie», en Para Pilar Carbonell, «la escultura de Mayte es la esencia o la base de su producción, y sus características de tridimensionalidad, tacto o movimiento son robadas o emuladas en todas sus fotografías». Aparentemente contrapuestas, la fotografía y la escultura logran convivir en sus obras; si con la primera se trata de «captar el instante», en la segunda hay siempre «una búsqueda de lo eterno», sintetizó Marie-Claire Uberquoi. «Se percibe continuó una contraposición que, lejos de ser una simple dinámica de trabajo, convierte la obra en interesante, le otorga validez y le da sentido.» En ese proceso de enriquecimiento del lenguaje, según Miquel Molins, se percibe que la «artista ha crecido»; desde que en 1990 se presentara como «una joven sin rasguños, con una expresión nacida de la esencia… porque no se sabía vulnerable», en la retrospectiva «Sin fin» presentada por la Fundación Vila Casas ha sentido ya los arañazos «que la han hecho crecer como artista en un auténtico proceso de interiorización». Tanto Joan de Muga como Josep Maria ibot destacaron la grata sorpresa que les había causado. Como coleccionista y tras confesar que no la conocía, ibot apuntó la necesidad que conlleva el arte contemporáneo de ser explicado y que, afortunadamente, Mayte Vieta logra superar. «He conocido a una persona que trabaja y transmite afición por lo que hace, que viaja, que capta momentos que luego reinterpretará una y otra vez», matizó. Para Joan de Muga, la artista y su obra despiertan cierta intriga, «que lleva a percibir lo real como irreal»; precisamente en esa intriga, que también podríamos identificar con lo intemporal, consigue que «no parezca real una realidad bastante directa».
Pensemos en esos Corredores de luz, reinterpretados, retroiluminados, incluso colgados al revés, que nos recuerdan que «hay un mundo en el exterior y que sigue, sigue, continuamente», en unos versos imaginados por la artista. Crear atmósferas Fascinada por el poder de captación del instante, Vieta no duda en impregnar de sensaciones aquella fotografía o escultura que, en ese preciso instante, retiene un espacio y un tiempo que ella ha decidido detener. Para Arcadi Calzada, esa es la fuerza de esta artista que ha sabido «buscar atmósferas que creen una comunicación entre lo que siente y lo que quiere expresar». Muchas de sus obras son instalaciones en las que la luz es un elemento más, al aparecer retroiluminadas artificialmente mediante puntos de luz halógena que dan nuevas dimensiones al conjunto. Si la fotografía ya es una forma de atrapar la luz, destacó el filósofo Arnau Puig, la contradicción que supone «usar otra luz para mostrar que se había atrapado la luz» es una forma de demostrar que los artistas trabajan con esas contradicciones y las desarrollan.
DEBATE FRANCISCO MATOSAS Presidente del Grupo Zeta. Coleccionista de arte MIQUEL MOLINS Profesor de Teoría e Historia de Arte Contemporáneo de la UAB JOSEP MAIA IBOT Abogado. Coleccionista de arte No hay duda alguna: luz es vida como ser es percibir. Arnau Puig nos hizo ver en el debate del filósofo idealista irlandés George Berkeley es aquí argumento para comprender esos «ojos permanentes» que la artista se resiste a cerrar. En ese proceso perceptivo, la escultura incorpora el tacto la textura y la dimensión desde el principio de la creación, y que la tridimensionalidad que captamos a través del tacto también la encontramos en sus fotografías. Emilio Álvarez indicaba en ese sentido que «sus piezas son siempre muy escultóricas, muy tangibles; incluso cuando nos referimos a las fotografías el soporte físico es muy importante, se montan en soportes sólidos». Fijémonos, por ejemplo, en la raíz de la composición Invernando cuidadosamente encerrada en una urna de cristal; también Molins entiende que «Mayte Vieta necesita algo que exista materialmente, que actúe en el mundo físico. Los marcos de hierro, las cajas, las fotografías son también objetos». En el teatro de exploración de atmósferas que es el Espai Volart del 15 de enero hasta el 3 de abril del 2004, podemos contemplar cómo esta artista de Blanes convierte la sensibilidad en una idea, y mediante técnicas que van del dibujo, a la escultura, de la fotografía a la instalación y procedimientos como la disección, el ensamblaje, el reciclaje, el fotocollage, el uso de lentes y espejos hacerla expresión. Esclava del mar La obra de Mayte Vieta está íntimamente ligada a su vida. Quizá por ello el mar sea uno de los grandes protagonistas temáticos de su obra, tanto visto por el filtro optimista de un amanecer como por el de un triste atardecer, iluminados siempre según el momento y el espacio expositivo. Los colores de ese mar son, a veces, los de las olas que rompen ante su casa natal en Blanes, en las costas de Chiloé o del cabo de Gata; son las ensoñaciones de una playa en Cádiz (En nada), composición fotográfica que a Arnau Puig le llega a recordar la pintura de un miniaturista de la Escuela de Olot.
Espumas blancas, azuladas, que llevan al espectador a la quietud de la contemplación. «Esclava del mar» la definió Arcadi Calzada, queriendo envolver la soledad de la artista hecha expresión. Pesadillas, pérdidas, enfermedades y soledad logran capturarnos con atrevimiento, provocación, dramatización y belleza. Para Francisco Matosas, la obra expuesta en VolAT transmite a cualquier amante del arte «un silencio y una quietud, previos a una gran sensación de infinitud y belleza» que Vieta sabe expresar independientemente del medio utilizado. «Por un momento prosiguió Matosas he sentido una presencia melancólica, similar a la que me produce escuchar unas notas de Mozart; aun tratándose de alguna de sus composiciones musicales más livianas o triviales, ese fondo de melancolía siempre esta ahí… y es lo que realmente define la belleza, la serenidad, la profundidad y la infinitud». Mozart nos enseñó con su música cómo fundir la alegría inicial con la melancolía, sin reparar en si ésta es condición básica del trabajo creativo. Sensualidad como estrategia creativa Siendo constantes los apuntes autobiográficos, Miquel Molins destacó que esta artista sabe utilizar la sensualidad como herramienta para la creación. Sin embargo, «la fuerte carga sensual, que parte de la experiencia, de la piel, no la convierte en exhibicionista» en el sentido que lo han sido muchos jóvenes artistas de las últimas décadas. Es una sensualidad que le sirve para mostrarse y ocultarse, como esos «ojos de ventana» que, a la manera de Clarice Lispector, permiten al creador (de relatos, de esculturas…) «ver al mismo tiempo hacia dentro y hacia fuera», apuntó Gloria Bosch.
DEBATE EMILIO ÁLVAEZ Galerista. Galeria dels Àngels (Barcelona) JOAN DE MUGA Galerista y editor. Galería Joan Prats (Barcelona) PILAR CARBONELL Galerista. Galería PalmaDotze de Arte de los Espacios de la Fundación Vila Casas se trata de una obra muy dura, aparentemente amable, pero dura; sutil, por tanto, en la forma de expresar la fragilidad del ser humano». Osario Fontova a quien salvando las distancias, la obra de Vieta le había recordado la ambigüedad que expresan las esculturas de Louise Bourgeois apuntó que «Mayte parece una artista relajada, fácil, que transmite una cierta sensación poética, y que tras una especie de cortina rasgada podemos ver un cierto misterio». Coincidió con Bosch en la dureza que transmiten algunas obras; en concreto, Efímera, una vitrina de metacrilato con 94 mariposas disecadas reflejadas en un espejo, puede parecer, «la primera vez que la ves, un conjunto de colores preciosos, pero si luego piensas en el aguijón que estará atravesando el animal, se diluye esa sensación inicial agradable de colorido tenue y fácil». Quienes conocen y han seguido a esta artista coinciden en que es «una gran sensible», algo «elogiable ante la pérdida de sensibilidad en el arte contemporáneo actual», manifestó Marie-Claire Uberquoi, preocupada por lo que implica de pérdida de poder de comunicación. «La obra de Mayte Vieta es de una belleza convulsa, que te hiere, no es una belleza complaciente. Se sitúa en un registro alejado de la banalidad, de la trivialidad del arte actual, que está perdiendo por ello todo contenido intelectual», insistió Uberquoi.
Gloria Bosch encuentra muy significativo el hecho de gustar a un público muy amplio, lo que se explicaría por esa sensibilidad ambigua que contiene la obra de Mayte. Calzada compartió sus buenas sensaciones: «es una exposición que la vienes a ver y te lo pasas bien, algo que creo que es de agradecer porque hoy día, y demasiado a menudo, sales angustiado y preocupado de las salas de arte contemporáneo». No hay que olvidar que, en cualquier debate, el público va a ser un participante más, «y muy importante», recordó osario Fontova. En la polémica sobre el momento del arte actual y las posibles barreras frente al público que la banalidad o falta de contenido están creando, Fontova opinó que «en absoluto era un momento malo el actual; no creo que sea insensible, que establezca incomunicación, ni que sea estrictamente banal. Tampoco le aplicaría conceptos como el mal gusto o la falta de belleza, sobre todo porque en estos momentos hablar de belleza es también bastante complicado». Continuó que, sin embargo, el arte sí pasaba por momentos de confusión, «expresión de la violencia en que vivimos, está tremendamente unido al momento político actual, contiene una fuerte carga social, es cambiante, confuso, a veces absurdo, pero bucea muchísimo en la realidad». El arte subversivo de Steve McQueen, que se ha podido ver en la Fundació Tàpies este invierno en Barcelona, es un ejemplo de ello. Proyección internacional y derivas del arte actual Antonio Vila Casas aprovechó la referencia para preguntar qué factores eran necesarios para que un artista alcanzara la proyección internacional, a lo que diversos contertulios respondieron en clave de humor que era prácticamente imposible predecir el triunfo de un artista español. Vila Casas utilizó un símil con el mundo de la farmacia: «hoy día todo producto farmacéutico antes de ser puesto en circulación ha pasado por múltiples estudios de mercado que avalan su éxito en España, Francia o Alemania, acaso una obra de arte no se va a servir de esos mismos instrumentos?». En efecto, hay artistas o negociantes que tienen agendas repletas de actos, que saben estar en el sitio oportuno… y eso funciona como el mejor estudio de marketing.
DEBATE ANTONIO VILA CASAS Presidente de la Fundación Vila Casas ARCADI CALZADA Patrón de la Fundación Vila Casas GLORIA BOSCH Directora de Arte de los Espacios de la Fundación Vila Casas que «el mundo del arte ha cambiado mucho, en el sentido que antes los artistas eran lo más importante, y ahora ese mundo está en manos de los comisarios». Si hace unos años, la denominada «dictadura de los críticos» era la que marcaba tendencias, nos encontramos ahora en la «dictadura de los comisarios», lo que inevitablemente tiene grandes repercusiones tanto en el arte que llega al público a través de las exposiciones como en el arte que se da a conocer es decir, que se va a promocionar y vender en las grandes ferias que se celebran en el mundo. Los buenos tiempos de Venecia han dado paso a Berlín y Londres, y al gran escaparate de arte de Kassel y su Documenta que, tras once ediciones, sigue siendo reconocida por galeristas y coleccionistas como la gran referencia. Para Molins, «Documenta es el momento de la reflexión sobre lo que está pasando, independientemente de qué sea, y esa reflexión condiciona». En la última convocatoria, por ejemplo, el 40 % de la selección presentada en Documenta procedía de África, Asia y América Latina.
En el polo opuesto, otras ferias de gran proyección entre el público, como puede ser Arco, son básicamente «una gran inversión económica», lo que según se reconoció en el debate ha logrado aumentar las ventas de arte en nuestro país. El problema, puntualizó Matosas, es que «el arte no es una inversión, no es una especie de Bolsa». La oportunidad que brinda la Fundación Vila Casas de conocer opiniones de destacados coleccionistas de nuestro país, invita una vez más a insistir en la idea que el buen coleccionista compra en función de sus gustos; desgraciadamente, anotó Francisco Matosas, «el circuito del arte está demasiado marcado por el mercantilismo y el afán por ganar dinero, en un mundo donde ya no hay sitio para los mecenas». En esa línea, se constató asimismo que comprar en Arco significa (simplemente para unos, o afortunadamente para otros) adquirir prestigio. Hay algunas rarezas nacionales en el panorama mundial, de las que no se conocen bien las causas. Por qué Perejaume no acaba de dar el salto internacional? Cómo se explica el caso de Jaume Plensa? La obra de este escultor, que estos días se revisa en el Arts Club de Chicago, triunfa en el mercado internacional sin haber tenido nunca el trampolín que suponen las grandes ferias. Del primero se dijo que si no fuera español estaría en primera línea; del segundo se elogia, naturalmente, su capacidad de supervivencia como artista sin marchante en un universo dominado por los comisarios. Tal como se puso de relieve en el debate, las derivas del arte actual son grandes. Pero, además de luchar contra ellas, se deben analizar qué factores contribuyen a que el mercado del arte sea pujante en un lugar y no en otro. Miquel Molins resaltó claramente que, en Cataluña, «ha existido un problema institucional muy grave para hacerlo funcionar», y dejó las puertas abiertas a un cambio. No bastaría ya un Arco catalán… se necesita algo más. Algunas propuestas como Sonar o Loop han tenido gran éxito entre el público más joven: el arte sonoro o el videoarte pueden ser también fórmulas para iniciarse en el gusto y la sensibilidad artísticas, apuntaron Emilio Álvarez y osario Fontova. Sea como sea, ciertos postulados del arte contemporáneo han provocado efectos muy negativos; para Molins, hay que decir bien alto que uno de los problemas del arte actual es haberlo dejado en manos de los filósofos que, siguiendo a Danto, han pronosticado su fin. Para la Fundación Vila Casas es un honor contribuir con Quiral Arte. Visiones asimétricas de un artista a superar esas derivas que impiden un arte fresco, nacido de la naturalidad y de lo físico como el de Mayte Vieta.
El umbral (detalle) 2003 CONCLUSIONES La bise noire, 1992. Algo que todo el mundo percibe en la exposición de Mayte Vieta es que gusta, que gustan sus obras, la fotografía escultórica y pictórica a la vez, la escultura, porque crean atmósferas fundidas entre la luz, el color, el movimiento… y que gusta su personalidad, ella. Establecer si Mayte Vieta es fotógrafa o escultora es un debate estéril: en arte, todas las sensibilidades y opiniones son respetables; mientras tanto, lo importante es que ella va a seguir planteando un puente entre los diversos medios sin identificarse con ninguno. Para nosotros, todo se sintetiza en que es una gran constructora de atmósferas, de volúmenes que, unas veces, se engarzan con una imagen fotográfica y otras, ignoramos hacia dónde se aventurarán mañana.
Su obra produce una sensación de silencio y quietud, logrando un tempus en el que se clarifican las emociones, y una agradable sensación. Tiene una especial sensibilidad para regalarnos la mirada, los sentidos, pero que a su vez manifiesta la contradicción entre la fragilidad y la fortaleza, segura siempre de no dejarnos indiferentes, de saber comunicar, como si nos encontráramos ante una caja de doble fondo. Mayte Vieta es, sin duda, una artista joven que sintoniza perfectamente con el arte contemporáneo que emerge en tantos otros países. Personalidad y obra coinciden, se da esa extraña conjunción artista obra que conduce a la artista auténtica, que transmite la visión íntima, particular, de los seres y los días. Hemos hablado de obras sensibles, muy agradables en la forma y en la apariencia, pero casi siempre también muy fuertes en los contenidos. Su estrategia es de una extraordinaria inteligencia porque juega con la ilusión, esa simulación que nos introduce progresivamente en el contenido. La entrada a su exposición es fácil, delicada, poética, no nos violentan las imágenes…, pero si se traspasa la membrana de la apariencia, se encuentra uno frente a frente con ese pequeño engaño que tan sólo consiste en dar algo más de lo que aparentemente parecías dar. Surge entonces la personalidad de su obra: una gran reflexión sobre la fragilidad, en la que la naturaleza o los animales son metáforas del cuerpo humano. Pensamos que es una artista a seguir de cerca. Desde 1991 hasta hoy ha evolucionado muy rápidamente y sus pasos la llevan desde la forma nacida de la reflexión poética hacia obras de un contenido artístico que, por el ambiente y la atmósfera que comunican, agradan a un público diverso e inclasificable. Hemos hablado también de sus obras como fruto de la personalidad de la artista, infinita si nos atenemos a su continua e infatigable movilidad. Son obras que rompen con el hermetismo para transmitir un mensaje contemporáneo de carácter existencial, todo ello enmarcado en las formas y naturalidad de su físico, que otorgan la necesaria credibilidad a lo que dice y hace. Invitamos a visitar la muestra, cuyo montaje ha sido, para nosotros también, fruto de la reflexión; frágil, por un lado, homogéneo y compensado, por otro, hasta llegar al equilibrio. Una buena exposición que refleja lo que ve, piensa y siente una artista con una mirada siempre en tránsito, que arrancará instantes, imágenes lo suficientemente ambiguas, para que el espectador pueda proseguir el diálogo que nos propone.
VISIONES ASIMÉTRICAS DE UN ARTISTA se plantea como nueva fórmula de debate entre coleccionistas, galeristas, gestores culturales y especialistas en arte. De hecho, es provocar un estado de opinión sobre la muestra realizada por la Fundación y las características específicas del artista invitado. Ese encuentro genera diferentes visiones, un cruce plural de opciones que enriquecen y potencian el conocimiento del arte, así como la situación del artista en nuestro contexto cultural. Después de ver la exposición, en un debate abierto y sin trabas, se expone el criterio de tres coleccionistas, tres galeristas y tres especialistas en arte que, de una forma u otra, son los que componen el sistema de promoción y difusión del artista. Si tratamos de confrontar las opiniones, establecer complicidades y diferencias entre los protagonistas de los distintos canales artísticos, es porque entre los objetivos de la Fundación Vila Casas existe un profundo interés en contribuir a esta difusión con argumentos razonados.
La quiralidad, término acuñado en la propia Fundación, nace del concepto químico en el cual una molécula puede adoptar distintas formas, no superponibles, capaces cada una de perturbar de manera distinta la luz polarizada que las ilumina. Sabemos que una obra puede tener igualmente varias interpretaciones según el punto de percepción o la actitud frente al proceso creativo, según la combinatoria de experiencias del observador. Por esta razón, es fácil llegar a la conclusión de que también hay quiralidad en el arte, y es como ese rayo de luz polarizada que, según el medio que la transmita, condiciona su interpretación.
QUIRAL ARTE AÑO 2. NÚMEO 2. PUBLICACIÓN TRIMESTRAL. FEBREO 2004
Edita: Ubes Editorial Fundación Privada Vila Casas, Ausiàs Marc, Barcelona. Tel: ISSN: en trámite Depósito legal: B ESPACIOS DE ARTE DE LA FUNDACIÓN VILA CASAS Ausiàs Marc.
Efímera, 2004. Vitrina de metacrilato con base de acero espejo 80x90x130cm con 94 mariposas disecadas. Colección Antoni Vila Casas. 
Tarde de encuentro, 2004. Fotografia duratrans con marco de acero y madera. Retroiluminadas. 10x124x177cm c/u. Colección Antoni Vila Casas.
Naufragio, 2004
Detalle. Tarde de encuentro, 2004.
A Ciegas, 2003. Fotografia duratrans con marco de acero y madera. Retroiluminadas. 10x124x177cm c/u.
De su amada memoria, 2003. 50 jaulas de madera y acero con pájaros de resina. Medidas variables.
En la noche serás sombra, 2004. Fotografia duratrans con marco de acero y madera. Retroiluminadas. 10x124x177cm c/u.
Mujer Raíz, 2000. Elena. Resina y raíces con soporte de acero. Colección Antoni Vila Casas. 50x50x170cm.
El Cebo, 2003. Resina y cristal. 20x20x60cm.Aprox. Colección Ernesto Ventós. Barcelona.
Animales del Tiempo, 2004. Instalación escultórica. Variable según el espacio. Escaleras de acero con pájaros de resina.
El Umbral, 2003. Estructura de varillas de acero con 400 alitas de resina.
Sin Fin Catálogo de la exposición SIN FIN, 2004. ESPAI VOLART.Barcelona.
Cenizas. La fragilidad del mundo.
Catálogo exposición Tinglado de Tarragona,2006.
Cenizas. Instalación
Texto exposición producida y realizada en el Espacio Tinglado de Tarragona 2007.
Uno de los poderes más maravillosos de la música es que nos lleva a lugares sólo vistos en sueños. Muchas de las fotografías de Mayte Vieta son esos lugares. Lo que en ellas nos produce un estremecimiento no es la incongruencia: que un prado sea de un rojo despeinado, que el cielo sea negro y duro como de metal… sino que, igual que pasa en los sueños, la realidad se agriete y, sin dejar de ser realidad nos alcance como símbolo. Es como si en la escena se filtrara una luz ajena a ella, una luz que viniera de otro lado. La luz que llega a través de los párpados y nos guía, secreta y firmemente, hacia el despertar. Pero esa luz proyecta necesariamente sombras, y en ellas vivimos. En la serie Cenizas la luz nos guía en un paseo entre el amor y la muerte. Su nombre es belleza y es el sendero de cuanto florece y late, de cuanto va a nacer y de este modo se dispone hacia su fin. La muerte es, por así decir, el horizonte que da espesor, dimensión y realidad a lo que de otro modo sería plano e ilusorio. “Lo bello es lo que lleva en sí la semilla de su desaparición”. Vaya sentencia, no conocemos en verdad nada que no la lleve. Releo unas frases del poeta francés Christian Bobin: “Lo que constituye un acontecimiento es lo que está vivo y lo que está vivo es lo que no se protege de su pérdida”. No sé si, en efecto, la belleza es sólo propiedad de lo fugaz. Imposible saberlo pues no conocemos belleza que no sea huidiza. En realidad, la belleza es el rastro de lo que es yéndose a su nada.
Al hacerse cenizas, todo lo que podía arder ya ha ardido, todo lo que podía pasar ya ha pasado. Es el final, por fin, si es que lo hay. El resumen triturado, la combinatoria por fin descoyuntada de las posibilidades de lo vivo, y de lo agónico, e incluso de las formas de lo muerto. Callejón sin salida. Todo lo vivo ha estado sostenido por un andamio de átomos de carbono que ahora se ha esfumado. Por eso en todas las culturas la ceniza simboliza la conciencia de la nada que somos. Y sin embargo, la frase “Polvo eres y en polvo te convertirás”, que la Iglesia católica utiliza para desengañarnos cuando el miércoles de Cuaresma impone una cruz de ceniza en la frente, a mí me parece una fórmula verdaderamente esperanzadora. Sugiere que la nada que somos seguirá siéndolo aún, de otra manera. Y lo cierto es que la ceniza es un abono excelente, que estimula el crecimiento de la planta y le da fuerza. Los chibchas de Colombia la extienden en los campos para atraer la lluvia. Es la cuna en que se mece el Ave Fénix.
Como es habitual en sus exposiciones, Mayte Vieta no se limita a colgar sus fotografías, las “instala”, crea con ellas un espacio habitable por el espectador. En muchos casos, como en este, incorpora además elementos decididamente escultóricos. Frente a la rotundidad, el colorido, la densidad de las fotografías, la escuálida presencia de escaleras en cuyos travesaños hay pájaros posados. Los artistas tienen la rara capacidad de lograr que todo esté punto de ser otra cosa: por proporciones y ocupantes, estas escaleras tienen algo de jaulas cuyos barrotes son peldaños. Y si no ¿es que necesitan los pájaros escaleras para trepar el aire? Tanto como las nubes muletas para sostenerse en pie. O el agua un paño para limpiar su reflejo. En cualquier caso, ahí están los pájaros, introduciendo aún más silencio entre el público, mayor reposo en la contemplación. Y eso que los pájaros son emblemas de la música y la rapidez. Tal vez por eso: un símbolo convoca tarde o temprano, además del significado directo, su opuesto. Hay también una operación de aritmética de las ideas: menos por menos es igual a más: pájaros falsos frente a paisajes fotografiados dan lugar a una escena real. De todas maneras, todas estas imágenes, las verbales y las plásticas, tienen una misión: excitar nuestra imaginación, plantear que si algo puede ser de otra manera tal vez todo pudiera ser de otra manera.
En el diccionario de nuestras emociones, ceniza es sinónimo de tristeza. Mayte Vieta comenta en relación con esta serie que es inevitable sentirse triste ante tantas imágenes de la fragilidad del mundo. Sin embargo las que ella nos propone no son tristes. Su fuerza las salva de serlo. Sí son melancólicas. Dice Juan Ramón Jiménez: “Tristeza más debilidad es desesperación, pero tristeza más fuerza es igual a melancolía”. Así pues, ya hemos reunido aquí belleza y melancolía.
Por otro lado, que sigamos hablando de belleza por culpa de una obra de arte hecha hoy no deja de resultar sorprendente. La belleza parecía no haber sobrevivido al rodillo de ismos y postismos de la modernidad. Cómo seguir buscando la belleza, que ha sido cómplice de tantas atrocidades. Y cómo seguir buscándola cuando han terminado por arrancarle la utopía que celaba en su interior. Hace mucho que dejó de ser el correlato sensible de lo verdadero y de lo bueno. Y ahora está forzada a ser sólo un medio de producción de valores simbólicos que cotizan en bolsa (en el sector turístico, en el de cosmética…). Y sin embargo y todavía, en un filo nada ingenuo, que separa la tragedia del kitsch, Mayte Vieta nos proporciona imágenes bellas. Aunque la suya no es una belleza sostenida por el equilibrio (la armonía), sino en equilibrio sobre la desmesura. Imágenes líricas, oníricas y exageradas que siguen convocando en el espectador la posibilidad de lo distinto. En ellas queda aún una brasa de utopía con que incendiar la vida… hasta que sea cenizas.
José María Parreño









































































